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Noruega: el Ferrocarril polar

9 de marzo de 2015

Esta foto que aquí vemos corresponde a la estación de la ciudad noruega de Narvik, tal como estaba en uno de nuestros viajes a esa zona de Escandinavia. A esa estación sólo es posible acceder a través de Suecia utilizando la "Malmbanan" o ferrocarril de las minas de hierro, porque la red ferroviaria noruega no tiene continuidad hacia el norte, más allá de Fauske, a donde se llega por la Nordlandsbanen, recorriendo 729 kilómetros desde Trondheim. No pocos viajeros que recorren Escandinavia por ferrocarril se preguntan por esta anomalía y por qué no se llegó a construir la parte que falta de ese ferrocarril. Incluso muchos noruegos lo ignoran pero esa línea estuvo en construcción en uno de los capítulos más dramáticos de la historia de Noruega y en sus obras trabajaron más de 30.000 prisioneros.


Tenemos aquí el mapa de la red ferroviaria de Noruega y sus conexiones fronterizas con Suecia. Las líneas existentes están marcadas en rojo. En la parte superior vemos, aislada del resto, la línea por la que se accede a Narvik y en trazo gris la Polarbanen, el Ferrocarril Polar, a cuya historia nos vamos a referir enseguida.

70 aniversario de la batalla del puente ferroviario de Narva (Estonia)

26 de julio de 2014

Estoy frente a ese puente en la ciudad de Narva, Estonia, en la misma frontera con Rusia, cuyo territorio está en la parte izquierda del estribo del puente. Hoy hace exactamente 70 años que terminó la batalla por la conquista de ese puente, entre las tropas alemanas y las soviéticas para el control del corredor de San Petersburgo. Debajo de esa estructura corre el río Narva y a mis espaldas están las construcciones de esa ciudad, hoy la tercera en población de Estonia. Miro a un lado y al otro del puente. Del lado ruso, policías dotados de armas largas vigilan que nadie transite por él, salvo el personal que atiende el paso de los trenes. En la parte occidental, otro policía fuma mirando con poco interés el paisaje desde su garita. Por si acaso me sitúo en un ángulo en el que ni unos ni otros pueden ver que hago fotos del puente. Espero inútilmente que pase algún tren. El calor es considerable y el sol cae a plomo sobre mi cabeza sin que se vislumbre una nube. En este mes de julio los días son muy largos en estas latitudes. Me aterra pensar que el control de ese puente se llevó por delante la vida de 12.000 soldados, además de unos 65.000 civiles. El silencio domina ahora el paisaje, roto sólo por el zumbido de las turbinas de la central eléctrica rusa situada en la misma orilla del río. Unos metros más abajo unos chavales retozan en la hierba y se bañan alegres en las aguas. Seguramente más de uno de sus familiares dejaron aquí sus vidas, pero 70 años diluyen las tragedias. Quizá ni oyeron hablar de la tremenda batalla que se libró en este lugar. Pero aquí estoy para contarlo y un cosquilleo me recorre la espalda.